Cuando iba al primario, solía coleccionar figuritas. Las figu de los caballeros del zodiaco las del mundial. También en esa época se coleccionaban los tasos que venían en las papas fritas, chisitos o demás snaks. El divertimento consistía en completar la colección y para ello no solo bastaba con comprarse las respectivas figuritas, si no que también se esperaba hasta el recreo para poder cambiar las figuritas que uno tenía repetidas, por otras que seguramente eran las repetidas de otro infante. De esta manera uno aceleraba el proseso de llegar a la colección completa, tanto para uno mismo como para el con el que cambiaba las figuritas.
Bastantes anos después, volví a experimentar aquella sensación de niño de cuando coleccionaba figuritas. Pero esta vez no son figuritas, son patologías.
Es muy común que cuando aparece un paciente con algo raro todos quieran verlo, no solamente por el echo de simple curiosidad que pueda despertar. Si no principalmente por el echo de que un profesional de la salud trata de tener su álbum lo mas completo posible. Con el objetivo de sumar experiencia y el día de mañana ante un caso similar poder evocar el recuerdo de aquel cuadro clínico.
Es así como en el habito de la salud es muy común escuchar, “lo ausculataste a fulano? No te lo pierdas tiene un soplo 6/6″ – “viste a mengano tiene el síndrome de Angelman”.
Es así como entre personas del servicio de salud, se intercambian información respecto a pacientes, con el objetivo de paso a paso ir completando un álbum interminable. Álbum que cuanto mas completo este, mas herramientas le dará a ese profesional para desarrollar sus labores.